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Carla Fuentes «En boca cerrada también entran moscas»

Cuando era niña, Carla Fuentes Fuertes (Valencia, 1986) fabricó una mosca de papel y pegamento que la acompañaba a todas partes. Desde niña les dio a las moscas un valor y una atención que para el resto de gente no merecían. Para la Carla adulta, las moscas han sido y son humildes compañeras de su cotidiana soledad en el estudio. La exposición “En boca cerrada también entran moscas” es un ejercicio a través del cual la artista nos invita a mirarnos en ellas como sociedad.

“A un panal de rica miel dos mil moscas acudieron, que por golosas murieron presas de patas en él». «Los humanos perecen en las prisiones del vicio que los domina” escribió De Samaniego. En una era en la que pasamos horas conectados a las redes sociales, ¿no somos todos un poco moscas, contra el cristal de la pantalla, queriendo ver el mundo? La forma que tenemos de relacionarnos ha cambiado sustancialmente: ahora publicamos fotos y vídeos. Hablamos menos sí, pero expresamos y decimos mucho de nosotros mismos a través de las imágenes que compartimos en redes sociales. Por eso hoy, en boca cerrada, también entran moscas.

Las moscas, posadas en cualquier sitio nos convierten en algo terrenal, quizás deberíamos detenernos a observarlas para darnos cuenta de lo breve e intensa que es la vida. Ya lo dijo el poeta William Blake: “Bailo y bebo y canto hasta que alguna mano ciega se lleve mi ala”. Las moscas existen para recordarnos lo pequeños que somos realmente, algo que muchos parecen haber olvidado en estos tiempos gobernados a golpe de coleccionar likes y followers.

Sopenhauer veía en las moscas un “símbolo de la impertinencia y la audacia”. Mientras el resto de los animales huyen del hombre, la mosca se posa sobre su nariz. Quizás esta exposición, y la obra de Carla Fuentes en general, sea metafóricamente eso, la mosca cojonera que quiere despertarnos y sacarnos de nuestro ensimismamiento. Vayan a verla, por si las moscas.

Por Ana Montes


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